Un examen profundo sobre la meritocracia neoliberal y sus efectos sintomáticos en la salud mental de estudiantes y trabajadores. El análisis de cómo la autoexigencia extrema transforma al sujeto en su propio capataz.
Analizar la maquinaria ↓
En la sociedad del rendimiento, el individuo se cree libre, pero está sometido a un imperativo invisible: producir siempre más. La lógica corporativa del éxito meritocrático coloniza las aulas universitarias y los entornos laborales, instalando una competencia feroz y silenciosa contra uno mismo.
Bajo este paradigma, el descanso deja de ser un derecho existencial y pasa a ser visto como una falla en el sistema. Cuando el rendimiento es la única vara que valida nuestro valor como individuos, el fracaso académico o profesional deja de ser una instancia de aprendizaje y se convierte en una condena psicológica individual.
De los estudiantes padece agotamiento psicofísico crónico o culpa frente al rendimiento impuesto.
La incapacidad patológica de asimilar los logros individuales, atribuyendo el éxito a factores externos y viviendo bajo el miedo constante a ser descubiertos como un fraude.
El colapso o vaciamiento de las fuerzas psíquicas debido a la sobreestimulación de demandas intelectuales, convirtiendo la vocación en una tarea puramente burocrática y mecánica.
La internalización del control que opera castigando al sujeto con ansiedad durante los momentos de ocio. El descanso ya no se disfruta, se padece como tiempo desperdiciado.
Esta autoexigencia internalizada encuentra su acelerador definitivo en los dispositivos de bolsillo. Los smartphones operan como herramientas de control eficientes que vigilan, miden y mercantilizan nuestro tiempo, transformando la soberanía de la voluntad en elecciones parametrizadas.